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¡QUE
ALGUIEN LOS BAJE DE SU NUBE!
Es triste, indignante y lamentable
lo que está pasando en nuestra ciudad por
culpa de la arrogancia (¿o de repente
necedad?) de un gobierno edil que, lejos de
reconocer sus errores y rectificarlos, se empeña
obstinadamente en profundizarlos, a tal punto
de propiciar abiertamente el enfrentamiento y
el cruce de calificativos de toda índole
con aquellos que no "comulgan"
con sus geniales "metidas de pata"
-producto de la inexperiencia e ignorancia en
materia de función pública-; sin
embargo, lo que resulta verdaderamente preocupante
es la osadía de pretender menospreciar,
descalificar e insultar abiertamente a los medios
de comunicación y sus periodistas que se
atrevan a poner en tela de juicio sus desacertadas
medidas.
Pareciera que al señor Cesar
Acuña Peralta, el cargo le está
quedando demasiado grande -y no lo decimos por
su estatura- o es que aún no ha aprendido
a valorar el verdadero significado de la palabra
Tolerancia (que no es lo mismo que arrogancia),
menos el de la palabra Sencillez y peor aún
el significado de la palabra Concertación.
Si se trata de hacer un análisis concienzudo
y sincero de la situación, me atrevería
a decir que la culpa no es exclusiva del actual
alcalde, sino del "séquito"
de asesores y "ayayeros" que
durante años le han vendido la idea que
por el hecho de haber construido un consorcio
educativo -y haberles dado trabajo a muchos de
ellos- su palabra es ley y; por lo tanto, debe
ser obedecida "sin dudas ni murmuraciones"
al pie de la letra.
No dudamos de las buenas intenciones
del novato burgomaestre por mejorar la ciudad;
sin embargo, sería bueno recordarle al
ingeniero Acuña que muchas veces las buenas
intenciones no bastan para poder gobernar una
ciudad culta y honorable como Trujillo, pues se
necesita mucho más que eso. Se necesita
justamente ser tolerante, sencillo y concertador,
pero sobre todo, se necesita rodearse de personas
apropiadas, personas que en algún momento
tengan la suficiente valentía para hacerle
entender que los alcaldes no son personas infalibles,
pues solo Dios y los imbéciles nunca se
equivocan y -francamente- no creo que el actual
alcalde de Trujillo se considere un Dios, menos
aún un imbécil; entonces, debería
de asumir que también puede equivocarse.
Lo ocurrido recientemente debería
servirnos para reflexionar sobre el futuro de
nuestra ciudad en los próximos cuatro años,
pues de manera reiterativa las instalaciones del
Palacio Municipal se están convirtiendo
en un "circo político"
que lo único que logra es degradar el bien
ganado prestigio de nuestra ciudad. Regidores
que en lugar de proponer normas municipales se
dedican a pelearse e insultarse con calificativos
propios de callejón; funcionarios advenedizos
que en lugar de ordenar la casa la desordenan
(como el caso de la Srta. Tania
Baca) y un Alcalde que lejos de buscar
el consenso se presta a la confrontación
y que a toda costa quiere imponer su voluntad,
cual emperador romano del cual heredó su
nombre, no es precisamente un panorama halagador.
Si a esto le agregamos la intransigencia
de una oposición que pierde los papeles
con facilidad cayendo en la provocación
de los oficialistas y el actuar de cierto sector
de desadaptados sociales que no saben respetar
la magnificencia de una sesión de concejo
(que si bien es cierto es pública, no permite
ningún tipo de intromisión de personas
ajenas a la función municipal, menos aún
generar escándalos), la situación
se torna verdaderamente delicada ¿Es
esto por lo que eligieron los trujillanos?
Señores, es hora que entiendan de una buena
vez que la ciudad tiene problemas mucha más
acuciantes que merecen la atención inmediata
de sus autoridades y no es peleándose o
insultándose como se van a solucionar estos
problemas. Por favor
¡Que alguien
los baje su nube!
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