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ENTRE
GALLOS Y MEDIANOCHES
Por: Nivardo Córdova
Salinas
nivardo2@yahoo.com
La vida de un hombre se parece
la de un gallo: una lucha constante por la supervivencia,
metáfora de la soledad, destino aciago,
acosado por los designios del amor y de la muerte.
"La crianza y tradición
de los gallos de pelea es todo un arte. Tiene
que ver mucho con el ser humano, en cuanto a la
lucha y la dignidad. La soledad de los galpones
es como la soledad de la vida. Ahora ya no los
crío. Tenía más de doscientos,
y eran todos unos personajes. ¡Dónde
estarán! Todavía siento que sus
fantasmas me persiguen, y pienso que a través
de la pintura los puedo exorcizar", afirma
Gonzalo.
Gonzalo
Salazar (Lima, 1975) comprende muy
bien aquella simbología, porque durante
quince años se dedicó a la crianza
de estos nobles luchadores, y de observarlos tanto
y convivir con ellos se mimetizó en sus
gestos y su estampa. En efecto, cada uno de los
cuadros que conforman la muestra "Equipajes,
gallos y medianoches" nos enfrenta cara
a cara (pico a pico), como en la arena sangrienta
de los coliseos, con un panorama por momentos
existencialista.
"El equipaje es la carga
que todos los seres llevamos en esta vida; recuerdos
y anhelos, la historia de sueños y recuerdos
que tienen una realidad etérea",
agrega. ¿Acaso los gallos también
sueñan con lo imposible? ...Silencio.
En el catálogo ha escrito varios versos.
Mientras nos guía por la exposición,
recordamos que la genial compositora peruana Chabuca
Granda también plasmó en el tondero
"Camarón" el magistral
monólogo de un gallo que se apresta a morir
en la arena: "Llegó, llegó
la tarde de responderle al amo / tiene ansiedad
de tragedia / por mi muerte o por mi vida..."
Gonzalo confiesa que el gallo (y
las gallinas) son es un leitmotiv que aborda desde
antes de su paso por Bellas Artes. "Desde
niño siempre me sentí atraído
por el dibujo de temas de la naturaleza, tanto
la flora como la fauna. Incluso inicialmente pensaba
postular a la universidad para estudiar medicina
veterinaria o zootecnia...", recuerda.
Con el aprendizaje académico
adquirió solvencia y solidez. Su técnica
es peculiar, utiliza espátulas en vez de
pinceles. "El pincel se me rompe en las
manos, me parece muy frágil. ¿Tendrá
que ver con mi temperamento?" En su obra
predominan los colores ocres, tierras, negro y
dorado. Nuevamente esa paleta cromática
nos lleva a las arenas sanguinolentas, al plumaje
fantástico, al combate existencial.
"He vivido más de
veinte años en Huanchaco y me he familiarizado
mucho con la arena, las casas viejas de los pescadores,
los corrales". Hay cuadros alusivos al
balneario, como "El tiempo que nos queda"con
un singular tono sepia. Sin embargo sus mejores
logros están en la poética de la
existencia de los gallos de pelea. Paralelamente,
sus estudios del oficio en la Escuela de Bellas
Artes de Trujillo, de la cual egresó en
el 2000
"Antes pintaba solamente
gallos peleando, ahora los gallos y gallinas son
símbolos muy parecidos a los seres humanos.
Pero además hay un fondo espiritual, porque
en estos momentos estoy experimentando una gran
transformación personal a partir de la
lectura de la Biblia", dice, mientras
muestra el tríptico "Transmutación
al corazón de oro".
El crítico
Santiago Forns Broggi afirma: "En
la pintura de Salazar los seres que vemos, gallos
y hombres, aparecen realmente solos". Nosotros
agregamos: están solos, excepto cuando
cantan... También en sus sueños,
Gonzalo siempre se ve volando, y eso lo plasma
en "La persistencia del sueño".
Acaso la nostalgia por el edén perdido
se vislumbra en "Solo a través
de la ventana azul". Otros cuadros como
"El momento menos esperado te encontré",
"Confesiones de invierno" y "La
siguiente estación" siguen está
tónica de filosofía existencialista.
Recuerdos aciagos y desamores fluyen
en "La nostalgia de los siete libros"
("...estuve con una flaca durante 8 años
y luego todo se terminó. En una línea
más espiritual están "La convicción
de lo que no se ve" -soberbio retrato
de un peleador" y "El nuevo traje
del peregrino", talvez uno de los más
logrados. En el lienzo "Paradero indefinido"
vuelve a sus secretas obsesiones ("Tenía
como doscientos gallos, todos eran unos personajes
y murieron como grandes...")
"Equipaje al descubierto"
es un cuadro que impacta, no sólo por los
diversos tonos de dorado, sino por su filiación
con el retrato psicológico. Sin duda, Gonzalo
todavía tiene un largo camino por andar
en la plástica, y deberá despojarse
de lo accesorio, lo transitorio, y enfrentar el
reto de consolidar su estilo propio, a pico y
a navaja, (y a espátula), porque además
de un talento innato, tiene un corazón
de artista.
Gonzalo un epígrafe en el
catálogo: "Lo que se ha ido es
lo que nos pertenece". Este muchacho
frágil, de entusiasmos transparentes, confirma
que en la observación paciente de la naturaleza
el arte puede ayudar a descifrar el misterio de
la vida, como en el poema-canción de Chabuca
Granda: "si ha de vivir venciendo / o ha
morir matando". Matando a la muerte,
acaso como quería la escritora Virginia
Wolf, quien antes de ahogarse dijo: "Contra
ti me lanzaré, entero e invicto, ¡Oh
muerte!".
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