ANUNCIE AQUÍ
Director: Juan M. Salinas Guerra - jsalinas@peruprensa.org
SECCIONES

· Trujillo
· Distritos
· La Región
· Nacional
· Internacional
· Economía
· Política
· Sociedad
· Espectáculos
· Especiales
· Cultural
· Opinión
· Entrevistas
· Deportes
· Columnas
· Del Director
· Turismo en la Región


LA AGENCIA

Peruprensa es un proyecto periodístico independiente cuyo objetivo es brindar información alternativa a la ofrecida por los principales medios


TITULARES
Para recibir los titulares por email ingrese su dirección de correo electrónico
Luego haga click en enviar
 

CONTADOR DE VISITAS
Domingo, 25 de febrero de 2007

VIVO PARA CONTARLO

Por: José Alayo Chinchayán.

Por lo regular, los periodistas somos considerados -por un gran sector de quienes nos leen, escuchan o ven- como una especie privilegiada de curtidos profesionales de la información que, de ver constantemente tantos accidentes de tránsito con resultados funestos, nos hemos convertido en seres impasibles y carentes de sentimientos ante el dolor ajeno. Es más, particularmente creo que esta apreciación popular tiene algo de cierto, a tal punto que muchos de nosotros nos llegamos a convencer que somos "inmortales" y, por lo tanto, es casi imposible que alguna ves nos toque ocupar de lugar de las víctimas. Pero ¿Qué pasa cuando el destino nos devuelve a la cruda realidad?

Pues bien, visto desde esta perspectiva tendría que felicitarme por la lección aprendida (que espero también haya servido a los colegas que la vivieron junto a mi), pues el destino se ocupó de demostrarnos que más allá de periodistas, seguimos siendo como cualquier mortal común y corriente; es decir, personas de carne y hueso que en cualquier momento podemos convertirnos en "honorables huéspedes" de un frío nicho como consecuencia de la irresponsabilidad demencial de algunos transportistas (incluyo a chóferes y propietarios) que solo se preocupan por su beneficio económico antes que por la vida de sus pasajeros.

La ingrata experiencia que nos tocó vivir en carne propia, a más de una veintena de periodistas liberteños, la noche del jueves 22 de febrero en el trayecto de retorno a nuestra ciudad, después de haber disfrutado de un lindo y colorido Carnaval Andino en la localidad de Mache (Otuzco), nos obliga a reflexionar sobre lo fugaz que puede resultar la existencia humana; pero, al mismo tiempo nos enseña que mientras no se tome real conciencia del verdadero valor de la vida (que por cierto no se puede cubrir con ninguna cantidad económica por muy alta que esta sea) las carreteras se seguirán tiñendo de sangre y dolor. Entonces: ¿Dónde quedó la famosa Tolerancia Cero?

Todo se inició con el traslado de la comitiva de hombres y mujeres de prensa, representantes de una decena de medios de comunicación de Trujillo, a la localidad de Mache para cubrir las incidencias de su Fiesta de Carnaval. La partida estaba programada para las cuatro de la mañana del jueves 22; sin embargo, el vehículo que iba a trasladarnos hasta esa localidad (distante a tres horas de Trujillo) llegó con un retraso de casi una hora, lo cual obligó a iniciar nuestro viaje a las cinco de la mañana con la esperanza de poder arribar a nuestro destino al promediar las ocho de la mañana, lo cual ha la postre se prolongó por una horas más.

Se trataba de un minibús petrolero (con capacidad para 40 personas) perteneciente a la empresa de transportes "Mi Perú" S.R.L., con placa de rodaje UD-2626, cubre la ruta Trujillo-Otuzco-Usquil-Coina y viceversa. Cuando todo hacía suponer que sería un viaje tranquilo y apacible, particularmente pude notar que en ciertos tramos altos de la carretera asfaltada el conductor reducía la velocidad, pues al parecer la máquina no estaba en toda su potencia; sin embargo, debo confesar que esto no me preocupo mayormente porque en varias oportunidades he tenido la suerte de viajar con pilotos que optan por la baja velocidad como medida de seguridad.

A pesar del optimismo de quienes estábamos a bordo del vehículo, la primera clarinada de alerta (o mejor dicho el primer susto del día) se dio cuando nos encontrábamos a 10 kilómetros del distrito de Agallpampa -donde se encuentra ubicado el desvío a Mache- cuando un pesado vehículo de carga (camión) que venía en sentido contrario a nosotros invadió nuestro carril, al parecer el conductor venía adormitado como producto del cansancio por conducir más del tiempo debido, afortunadamente ambos vehículos venían en un tramo recto y el chofer del minibús atinó a tocarle reiteradamente el claxon haciendo reaccionar a su aturdido colega. ¿Premonición del destino acaso?

La segunda clarinada se dio cuando llegamos al anexo de Lluin (distante a 30 minutos de nuestro destino final), donde habíamos parado para tomar desayuno. Aquí nos pudimos percatar que uno de los ayudantes se encontraba bajo el vehículo estacionado -al parecer revisando una posible falla- y cuando preguntamos si había algún problema técnico, la propietaria del carro, identificada como Zelmira Calderón, nos manifestó que solo se debía a que la batería del carro se había bajado y la estaban cambiando; sin embargo, lo cierto del caso era que el sistema automático no respondía debidamente (según comentario posterior de un miembro de la comitiva).

A pesar de todos estos "pequeños inconvenientes", finalmente arribamos a nuestro destino al promediar las 9 de la mañana y permanecimos en este hermoso paraje andino -donde fuimos divinamente atendidos por sus autoridades y pobladores en general- hasta las 6 de la tarde, hora en que la comitiva tenía establecido el retorno a Trujillo. De nada valieron los intentos del alcalde distrital, Glomer Rubio Valderrama, quien se ofreció a brindarnos hospedaje con la finalidad de que nos quedáramos más tiempo con ellos disfrutando de esta fiesta popular y retornáramos en las primeras horas del día siguiente, la decisión final casi nos cuesta la vida a todos.

Al iniciar el viaje de retorno, muchos fuimos vencidos por el cansancio de la ardua jornada y aprovechamos para dormir durante el trayecto, quizá por esa razón es que no pudimos percatarnos que el vehículo seguía presentando preocupantes fallas. Al promediar las 8:15 de la noche -cuando ya habíamos cruzado el Puente Casmiche- sugerí que le solicitáramos al conductor que haga una pequeña parada a un costado de la carretera, pues había varios colegas que necesitaban un urinario, al reanudar el viaje y cuando habíamos recorrido poco menos de un kilómetro, un fuerte olor a jebe quemado nos alertó que algo no estaba bien y de inmediato exigimos al chofer que pare.

Es aquí cuando se inician los -casi- 60 segundos más terribles de nuestra existencia, la experiencia más amarga que pueda ocurrirle a cualquier mortal, pues por más que el conductor hundía el pie en el pedal de freno, el vehículo y su pesada carga humana seguía avanzando por la peligrosa y oscura carretera sin control alguno, el motivo los frenos no respondían pues todo parecía indicar que las zapatas se habían quemado porque -al parecer- el conductor había venido utilizando el freno de mano en demasía y este se quedó pegado originando la grave falla. La desesperación llegó a tal grado que la misma dueña del bus le gritaba al conductor: ¡Tirate contra la peña!

La pesadilla había comenzado y pareció durar una eternidad, incluso hubo algún joven colega que intentó abrir una de las ventanillas del vehículo en marcha para lanzarse a la pista (prefería eso antes que terminar desbarrancado en el fondo de un abismo y con pocas posibilidades de sobrevivir a la inminente tragedia). Se imaginan ustedes? Nosotros, los periodistas insensibles que creíamos ser "inmortales" nos enfrentábamos cara a cara con la muerte; de manera cruel -pero necesaria- nos convencíamos que estábamos a punto de engrosar la larga lista de víctimas de las carreteras y seguramente seríamos la portada principal de nuestros propios medios de comunicación.

Afortunadamente para todos, al experimentado conductor se le iluminó el cerebro -quizá por el mismo instinto de supervivencia que poseemos los seres humanos y que aflora en momentos extremos como este- y lejos de escuchar la orden de la dueña del carro optó por realizar una maniobra sumamente peligrosa (podría calificarse incluso de suicida de no prosperar, pues irremediablemente terminaríamos en el fondo del abismo) forzar la caja de cambios para bajar la velocidad y finalmente detener el vehículo. A Dios gracias, en ese momento nos encontrábamos en un tramo lo suficientemente ancho -como para permitir el paso de tres vehículos a la vez- y se pudo lograr el cometido.

El grado de tensión fue tal que muchos dudábamos poder salir vivos de esta; es más, el mismo conductor dudaba que la maniobra realizada con la caja de cambios le diera buenos resultados, ni él mismo podía llegar a convencerse que había logrado detener el pesado vehículo y su preciosa carga humana. Habíamos vuelto a nacer, la vida nos estaba otorgando una nueva oportunidad y en nosotros está el saber aprovecharla, pues no creo que volvamos a tener otra más en el futuro. Creo, sin temor a equivocarme, que hoy más que nunca estamos plenamente convencidos de lo cierto de aquella celebre frase: ¡Vive cada día como si fuera el último de tu existencia!

Finalmente, espero que esto sirva para que todos nos aboquemos en una campaña perenne de respeto hacía la vida de los cientos de miles de personas que diariamente tienen que transitar por estas difíciles y peligrosas carreteras del país, tenemos que aprender a exigir las máximas medidas de seguridad a todas las empresas y conductores que nos trasladan a diario por estas rutas. Exijamos que las autoridades hagan cumplir las normas, sin esperar que se registren accidentes fatales para recién actuar, que la cultura de la "coima" en el transporte se acabe de una vez por todas y que se sancione drásticamente a los responsables. ¡ Apostemos por la cultura de la vida!

 
¡NOS INTERESA SU OPINIÓN!

En Peruprensa valoramos la opinión de nuestros lectores, por tanto si usted tienen una inquietud, pregunta, comentario, sugerencia o crítica sobre esta noticia, puede enviarnosla llenando el formulario siguiente.


Nombre
E-Mail
País
Región
Edad

Escriba aquí su comentario, luego haga clic en el botón enviar. Para regresar a esta página haga click en el botón Atrás. ¡Muchas Gracias por su contribución!


    

Ir a la página principal

 

Todos los derechos reservados