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"LA
ARTESANÍA TAMBIÉN ES ARTE":
HOMENAJE A CONSUELO AGUILAR MORILLO
Por: Nivardo Córdova
Salinas
Fotos: Horacio Alva Pazos
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Consuelo Aguilar, artesana
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Hay artistas que viven y realizan
su obra alejados de la vanidad de las galerías,
las críticas en diarios influyentes y la
publicidad. Muchos los llaman "artesanos",
como relegándolos a un segundo plano. Todavía
hay quienes dividen la creación estética
en arte y artesanía, dándole a esta
última un rango menor, prescindible, olvidando
que el arte es único, y que en sus múltiples
manifestaciones es la expresión de la humanidad.
En el Perú, es frecuente que los llamados
"artistas populares" no gocen de
la fama ni el prestigio. Pero ¡cuán
cerca están del alma popular!
Es el caso de Consuelo
Aguilar de Alvarado, inspirada artista
popular del Perú, nacida en el corazón
del Valle Chicama, en la costa norte peruana,
exactamente en la hacienda de Chiclín en
1923, y quien falleciera repentinamente el año
pasado, convencida de que la artesanía
también es un arte, y a casi siempre un
gran arte.
"La artesanía también
es arte, y no hay porque discriminar los trabajos
artesanales populares de las obras que se exhiben
en las grandes galerías comerciales, porque
ambas tienen en común la creatividad",
comentó en una de sus ultimas entrevistas,
cuando no se amilanaba por la enfermedad y realizaba
su exposición venta de "artesanías"
en la Casa de la Emancipación.
A pocos meses de su muerte, ella
dejó un gran legado: innumerables piezas
elaboradas con diferentes técnicas, destacando
en la arpillería y el arte textil. Sus
obras se caracterizan por su minuciosidad en los
detalles, así como en la concepción
y uso de los diferentes materiales, como plumas
de aves, retazos de telas, botones, hilos trenzados,
alambres, de donde salen como por arte de magia
una serie de mantos bordados, llaveros con distintos
motivos, pequeños payasos, danzantes de
marinera, réplicas de ventanas virreinales,
filigranas en alambre, entre otros.
Muchos la han comparado con artistas
de la talla de Mendivil, Mérida, Inga,
entre otros consumados maestros. Doña Consuelo
recordaba que durante su infancia en Chiclín,
desde los ocho años empezó a interesarse
por la artesanía, pues en una oportunidad
su abuela ganó un concurso artesanal organizado
por el entonces hacendado Rafael Larco Hoyle.
"El premio era una cocina
y al ver que mi abuela ganó me llamó
mucho la atención, pues yo también
quería ganar algo así. Bueno, era
una niña, pero ese episodio marcó
mi vida y desde entonces me he dedicado al arte
con mucha dedicación y paciencia",
me relató entonces.
Tras su mirada dulce, se escondía
una verdadera creadora. Cuando bordeaba los ochenta
años, seguía trabajando en su taller,
con una contagiante vitalidad y fe en Dios. De
joven estudió en Trujillo, llegando a ser
enfermera de la Cruz Roja. "Acá
en nuestro país quienes nos dedicamos a
la artesanía tenemos mucha dificultad con
las exposiciones, pero en la Casa de la Emancipación
me han abierto sus puertas y me han dado un espacio
para mostrar mis artesanías a los turistas
que vienen, que aprecian y que compran. Vender
a las tiendas es imposible, porque rara vez compran
y si lo hacen demoran en pagar", decía.
Un hecho decisivo para cimentar
su pasión por el arte, fue conocer a don
Sebastián Alvarado
Carranza, con quien se casó
en 1953. El arte para ellos fue una causa común
y desarrollaron paralelamente sus trabajos, iniciándose
en la juguetería y artículos decorativos.
Posteriormente, en la década del 70, los
esposos Alvarado-Aguilar inmortalizaron la tradicional
ventana con reja trujillana, fina fantasía
de filigrana en alambre galvanizado. Hasta ahora
se utilizan como íconos representativo
de esta ciudad.
También utilizaba técnicas
ancestrales como el tejido en telar de cintura
y de mesa, y dominaba la confección de
carteras con fibras de la región, pintura
en tela, arte plumario. Otra de sus grandes pasiones
era enseñar, compartir sus conocimientos.
Fue docente principal en los colegios Renacimiento
y Santa Rosa, en el centro educativo ocupacional
Gran Chimú. Fue además profesora
en la Liga de Artesanos y Obreros de Trujillo.
Para doña Consuelo, la artesanía
es un excelente remedio contra el estrés.
"Sigo en este trabajo porque me encanta,
mientras estoy haciendo mis trabajos me siento
tranquila y feliz. Cuando era la universidad enseñé
dos años", afirmaba con sencillez
esta maestra peruana. A los jóvenes les
dice que "si a todos les gustara plasmar
sus creaciones el Perú estaría mejor,
el arte sensibiliza".
Soñaba con plasmar todas
las expresiones culturales de La Libertad como
la marinera, las danzas populares, los caballos
de totora, Chan Chan, entre otros. Otro de sus
anhelos fue una reforma educativa en el Perú,
"porque la educación, la ciencia y
la cultura son la base del progreso". "Si
cada peruano aplicara todos sus conocimientos
para fines buenos, si cada joven expresara todo
el arte que lleva dentro entonces el Perú
sería otro tipo de país",
pensaba. Partió a la eternidad con ese
deseo.
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