|
"CASA
DE FAMILIA" Y LA POESÍA EXISTENCIALISTA
DE JUAN CASTRO GARCÍA
Por Diómedes Morales
Salazar
La primera lectura de Casa de
Familia, poemario de
Juan Castro García (Laredo,
1956) da la impresión de ser un texto etéreo,
por lo depurado de su contenido y su predilección
a la poética espiritual. Pero no se trata
de esa poesía pura, erróneamente
conceptuada como incontaminada con la vivencia
social que determina el pensamiento y la moral;
ni se trata de esa poética de contenido
religioso o de carácter esotérico
donde la concepción cristiana impone la
fe y las ciencias ocultas contrastan la creencia
del bien y el mal; sino, se trata más bien
de esa poesía espiritual que es el resultado
del contenido y forma de la vida, de la teoría
y la praxis que refrenda la existencia, con su
pasado y su presente, donde el devenir aproxima
al futuro como una esperanza, como un sentimiento
ideal, pues "Caminas en mi cielo de ternura/
juegas con las estrellas enamoradas/ y siempre
encuentras luceros de ilusión/ Tesoros
de mi ser" (A Toda Hora, p. 81).
Este existencialismo, positivo
y futurista, que propugna Juan Castro en su poética,
afirma como ser recreador de la existencia, que
la vida es un perpetuo batallar, donde "Yo
he de sufrir más y más/ por la ilusión/
que envolvió la fragancia/ y el paradero
de mi ser"(En Silenció, p. 68).
Y es el sufrimiento real de la existencia cuya
"Melancolía/ arrebatas el verso
de mi yo/ y me alejas/ al callado nido nocturno",
pero "El espíritu solidario/ me
conmueve/ Me reanima/ en la fantasía del
cielo" (Ánimos, p. 75). Es, entonces,
este espíritu solidario, enamorado de la
vida, que sostiene su ideal, su cielo de ternura,
sus luceros de ilusión, que le permiten
amar "como los pájaros incendiarios/
que alegran la soledad del campo/ y/ el alma silvestre
de los caminantes" (Sendero Romántico,
p. 28).
Hasta aquí ya podemos evaluar
si el idealismo metafísico, existencialista,
positivo y futurista de Juan Castro Garcia, difiere
o no de la concepción religiosa, pues,
su poética, al usar términos cristianos,
podría creerse que sí procede de
ella; pero si evaluamos la conceptualización
que da a esos términos, veremos que realmente
difieren en su significación.
Pues, por ejemplo, la palabra "cielo",
que en el concepto religioso se refiere al paraíso
eterno a donde los cristianos supuestamente irán
a habitar después de la muerte, en el pensamiento
del poeta solo hay un "cielo de ternura",
un lugar a donde el amor, el cariño, la
estimación al ser amado existe solo para
dos, para ese "espíritu solidario"
surgido de la atracción sentimental
que puede bien confundirse con ese amor al prójimo
a que se refiere el segundo mandamiento de la
ley de Dios; pero que, sin embargo, no está
en el más allá, en la abstracción
metafísica de su supuesta existencia, sino,
evidentemente, está en el más acá,
en lo recóndito del ser, donde el "espíritu
solidario", esencialmente humano, es
el verdadero, el único amor al prójimo,
como quiere Dios.
Así, cuando Juan Castro
habla del "cielo", no se refiere
a ese supuesto paraíso, eterno del Antiguo
Testamento, sino a esos "luceros de ilusión"
que son los "tesoros de mi ser",
cuyas "estrellas enamoradas"
sólo existen en el firmamento de nuestro
Yo, el único y verdadero "cielo"
donde habita Dios, en su Templo de Amor que
es nuestro ser, como afirma el Nuevo Testamento
(Efesios 3, 16-17). Y, si como dice la Biblia,
Dios es Amor, el amor del poeta no se refiere
al amor divino, abstraído del amor humano,
de aquél cuya religiosidad debería
sustentarse sólo en el amor al prójimo
y no en la imaginería idólatra en
que caen los católicos. Por eso, los "luceros
de ilusión", las "estrellas
enamoradas" que habitan en el firmamento
poético de Castro se reflejan en ese "río
de emociones" que significa el enamoramiento,
"esa curiosa mirada/ que hace la vida más
alegre y sencilla".
Por eso, el amor, en Casa de
Familia, es un amor colectivo, destinado al
ser querido, pues "Con mi sonrisa lejana/
iluminaré tu corazón frágil
y colorido/ Y en un barco de besos/ navegaré
en el mar de tu amor (2)/ Corolas encendidas/
se abrazan a mis sueños/ y se sumergen/
en tus encantos manantiales (3)/ En la era infinita
de tu belleza/ las raíces de mi corazón/
siguen creciendo/ Y mi pecho se alarga/ como un
río de emociones (4)/ Melodía serena/
conmueve mi alma apasionada/ irradia noches plateadas/
y flores encantadas (6)/ Inquietas mi voz trajinada/
y tu andar enamorado/ se acelera/ en las huellas
de la aurora (7)/ Paseábamos en dormidas
alas blancas/ y/ tomábamos del viento agitado/
brisas cristalinas y ondas azules(8)"
(El Enamoramiento, pp. 23-24).
¿Qué poesía
existencial, que sea positiva y futurista, como
la de Castro, sustentada en los "luceros
de ilusión", en las "estrellas
enamoradas", deja de ser romántica,
metafísica e idealista? Pero el romanticismo
de ayer no se condice con el romanticismo de hoy,
que a pesar de su metafísica idealista,
es más elocuente, menos platónico
y soñador, pues si bien es cierto que idealiza
al ser amado, también es evidente que se
alimenta del placer, de ese contacto con la piel
que es la realidad. Y entonces, cuando el amor
es práctica, se puede navegar "en
un barco de besos" por ese "río
de emociones" que produce el erotismo
sexual, porque "Eras sí/ una tormentosa
galería/ descubriéndose en el tiempo/
y cerrando el último rótulo de mi
ser" (El Enamoramiento 9, p. 24).
Sucede, entonces, que el existencialismo
positivo y futurista de Juan Castro García,
se basa, primero, en el diario acontecer de la
vida circunstancial, que es práctica relativa
donde prevalecen los hechos cotidianos de las
relaciones interhumanas en el contexto de la sociedad;
las cuales, a la postre, influyen en el pensamiento
cotidiano y, a veces, hasta suelen determinar
las relaciones sociales; y, segundo, se basa también
en la metafísica idealista, romántica
y platónica que difiere también
de la metafísica religiosa o esotérica,
pues aquí de lo único que se trata
es del idealismo positivo y futurista de cada
ser social que tiene en cuenta a sus relaciones
humanas y sociales con su bienestar material y
espiritual. Por eso, al referirse el poeta a sus
"luceros de ilusión", a sus
"estrellas enamoradas", está
refiriéndose únicamente a sus sentimientos
de amor, por los cuales "las raíces
de mi corazón/ siguen creciendo/ Y mi pecho
se alarga/ como un río de emociones".
Así, la vida, el amor, los
vínculos sociales e interhumanos, hacen
de los afectos, de los sentimientos, depender
del ideal, de ese bienestar espiritual y material
que todos quisiéramos tener. Por eso, según
dice Carlos Toledo Quiñones, uno de los
prologuistas del libro, "Su canto no extrema
el sentimiento, que es bueno, cuando fluye como
remanso alejado de la turbulencia producida por
la pasión, alguna vez cercana al Yo Poético,
desintegrada en el pasado pero rescatada con la
melancolía que fusiona el pasado y el presente,
donde florece sentimiento y belleza"
(p. 13).
Entonces, la poética de
Castro, que se aproxima además a lo erótico
como un derecho ganado, alcanza también
la decepción, cuando "Busco el
espejo roto/ y mis ojos desesperados/ sólo
encuentran tu frescura vaga/ creciendo en el tiempo/
sin saber por qué ni para qué"
(Al Oído 2, p. 54). Pero esta decepción
que es un barco a la deriva en el mar de la crisis
de las relaciones interhumanas respecto al amor,
por el tiempo transcurrido inexorablemente, ya
no es una decepción caótica, fatalista
y traumática, sino más bien nihilista,
existencialista y hasta surrealista podría
decir, pues "Nadaste presurosa en el lago
de/ diamantes/ Y/ volaste sin mirarme en la colina
ardiente/ amor callado y no correspondido"(Al
Oído 5, p. 35).
A esta clase de sentimientos amorosos
se refiere Oscar Colchado Lucio, otro de los prologuistas
de Casa de Familia, cuando dice que en la poética
de Castro se percibe "ligeras reminiscencias
de Bécquer", el poeta español
del siglo XIX conocido por sus "Rimas
y Leyendas", lo cual me parece que es
una exageración porque la poética
amorosa de Castro, si bien es romántica
y platónica en cierto sentido, es más
existencialista, más pragmática
y cotidiana, cercana al surrealismo, corriente
literaria que asumió la rebeldía
pequeño burguesa de los albores del siglo
XX, donde las doctrinas políticas de izquierda
influyeron básicamente en la literatura
latinoamericana, y particularmente en la poesía
peruana. Sino, entonces, ¿por qué
Juan Castro, casi irónicamente, asegura
que "Soy pintor de flores rosadísimas
y me/ pagan por endulzar la palabra dura del/
enojo./ Por eso canto en la hondura elegante en/
una noche despejada./ Y dibujo amores precipitados
en copas/ celestiales"? (Copas Celestiales"
p. 60).
Y el poema social que lo consagra
como un acérrimo existencialista, positivo
y futurista, dice: "Los cañaverales
altos se ausentaron/ entre el cantar del gallo/
y el cálido rumor de los gorriones./ Enviudó
la palana vieja/ que trajinó faenas sin
memoria/ cobijándose en el lomo de su amo/
y batiendo su brillo en cima del/ impiadoso sol./
Ligero de equipaje/ se unió al paso final"
(Ligero de Equipaje, p. 57).
Ahora pregunto, ¿acaso
un romántico clásico, platónico
y fatalista a lo Bécquer podría
"contaminar" (así, entre comillas)
su poesía "pura" con la poética
social que prácticamente ha predominado
en la poesía peruana durante el siglo XX?
¡Claro que no! Por eso niego que en la poética
de Castro haya "reminiscencias de Bécquer",
y afirmo más bien que su romanticismo existencialista
es surrealista, pequeño burgués
y modernista, porque además, en Casa de
Familia, la estructura poética no tiene
rima ni métrica, sino verso libre, donde
el encabalgamiento de ruptura convencional se
manifiesta de principio a fin. Y, además,
porque las metáforas, que son la esencia
poética, dicen más de su influencia
surrealista que de su gratuita reminisencia bequeriana.
Esta incidencia social en la poética
de Castro tenía que estar presente no sólo
debido a su filosofía positiva y a su espíritu
solidario de amor al prójimo, sino porque
el mismo autor de Casa de Familia, en el transcurso
de su vida laboral, ha vivido en carne propia
la explotación social de la ex hacienda
Laredo y de la ahora Empresa Agroindustrial Sol
de Laredo, la cual, en cierto momento, lo retiró
de su puesto de empleado para mandarlo al campo
a trabajar como palanero en faena de obrero. Tal
es el testimonio más fidedigno de la realidad
existencial del poeta y de cómo éste
hace de los hechos cotidianos de su vida los temas
poéticos que pueblan su Casa de Familia.
Y sus metáforas, como dije,
tienen motivos más que suficientes para
ser surrealistas, porque si "Enviudó
la palana vieja/ que trajinó faenas sin
memoria/ cobijándose en el lomo de su amo/
y batiendo su brillo encima del/ impiadoso sol",
significa que el dueño de la palana, aquél
obrero cañero que solía madrugar
para cumplir su faena diaria en el campo, por
la crudeza laboral y la mezquindad remunerativa,
o porque debido a la falta de estabilidad laboral
ha sido despedido; o, en todo caso, transferido
a otra sección laboral; ésta, la
palana vieja, aquélla "que trajinó
faenas sin memoria", amiga y compañera
inseparable del obrero, "enviudó"
de esa amistad, de esa relación afectiva
que existía entre ella y su amo, con quien
no sólo "trajinó faenas
sin memoria" sino que además solía
cobijarse en su lomo "batiendo su brillo
en cima del/ impiadoso sol".
Y lo triste, lo trágico de su existencia,
es que "enviudó" ya vieja,
después de que "trajinó
faenas sin memoria", cuando ya no sirve
sino para ser dejada en el rincón de los
recuerdos, donde el olvido y la soledad la oxidarán
para siempre. Tal es el mensaje del poema y su
incidencia en la poesía social, la cual,
además, complementa con los poemas "Rojo
y Blanco" y "Juaneco, In Memoriam"
que están casi al final del libro. Pero
ella, la incidencia social en la poética
de Castro, así como su acercamiento a lo
erótico como un derecho ganado, en Casa
de Familia, son sólo vislumbres de un mundo
poético que aún están por
explorar, y que esperamos todavía el poeta
se atreva a desarrollar en sus próximos
libros.
Finalmente, como dice Vidal Guerrero
Támara en la contracarátula, "el
poeta sabe que construir un poema es edificarse
uno mismo, por eso la estructura del texto poético
tiene una disposición lúdica y lúcida,
que parte desde las tiernas evocaciones campestres
hasta que la forma nos revela en el ultimo segmento
un itinerario donde los destinos de los sujetos
se rozan, entrecruzan y se desvanecen como la
bruma de los cuadros pictóricos insertos.
Y sin embargo la paradoja está en la profundidad
de esas sensaciones, sueños e imaginaciones
junto a la sencillez de la sintaxis poética
que opta por la espontaneidad en lugar de la experimentación
técnica, en develar la ternura candorosa
en lugar de confusas abstracciones filosóficas",
pero que celebra la realidad y sus consecuencias
a través de la vida material y espiritual.
|
¡NOS
INTERESA SU OPINIÓN!
En
Peruprensa valoramos la opinión de
nuestros lectores, por tanto si usted tienen
una inquietud, pregunta, comentario, sugerencia
o crítica sobre esta noticia, puede
enviarnosla llenando el formulario siguiente.
|
|
Ir
a la página principal 
|