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Domingo, 16 de setiembre de 2007

SOBRE LA MUERTE E IDENTIDADES DE LOS PERSONAJES MAS PODEROSOS DE LA SOCIEDAD MOCHICA

Por Régulo Franco Jordán

El tema de la muerte en el antiguo Perú está cada vez avanzando gracias a los estudios de los arqueólogos o mochicólogos. Los muertos en las sociedades prehispánicas e inclusive hoy, siempre han sido muy importantes y que han merecido mucho respeto y veneración. Los muertos son los que cohesionan los grupos familiares o benefician a la comunidad, pero también, ellos a veces toman una actitud hostil. Hay genealogías que se remontan a un fundador mítico, hay gentiles que viven en lugares de enterramiento prehispánicos, etc. Por tanto, la vida con los ancestros forma parte del pasado y del presente. Los conceptos de la muerte y los procesos de la transformación, se reflejan en el ciclo ritual complejo. El muerto siempre ha sido caracterizado como un mallki que tiene un proceso de desarrollo y que es comparado muchas veces con una semilla que va generar un período de tiempo muy productivo (Hocquenghem 1987). Para nosotros los arqueólogos es a veces un poco difícil comprender muchos aspectos de la muerte en el mundo prehispánico, sin embargo, la cerámica mochica expresa algunos capítulos vinculados con el mundo de los muertos, que es tal vez una de las expresiones poco conocidas en el nuevo mundo.

Antes de la década de los ochenta, los arqueólogos estaban por muchos años observando representaciones pictóricas en la cerámica, con temas vinculados con ceremonias religiosas y la muerte, sin presentir de que muchos temas que fueron representados por los mochicas habían sido escenas reales y no mitológicas o fantásticas como se pensaba. Después de los descubrimientos de Walter Alva y su equipo en Sipán (Alva 1994; Alva y Donnan 1993), y que ha marcado, sin dudas, uno de los hallazgos mas sorprendentes del siglo pasado, los arqueólogos empezaron a tener nuevos criterios de interpretación, que ha favorecido la identificación de los personajes más poderosos de la sociedad moche en la iconografía y en las excavaciones de sus tumbas. De otro lado, los fabulosos descubrimientos de Sipán alentaron al saqueo de otras tumbas en el norte peruano; se empezó a crear, casi como un mito entre los saqueadores de tumbas, que estos personajes poderosos estaban enterrados en espacios profundos, que los llevó a destruir contextos funerarios importantes en diversas huacas y cementerios prehispánicos; fue algo así como una fiebre que muchos especialistas lo reconocen como una Sipanitis.

Sin embargo, a pesar de todo ello, la parte beneficiosa del conocimiento científico y la gran labor de Walter Alva y su equipo (1987), empezaron a dar sus frutos en el estudio de la iconografía comparada con los hallazgos. Christopher Donnan de la Universidad de California de los Angeles, observó que en una de las representaciones iconográficas de la cerámica mochica llamado primero "El tema de la presentación", y ahora conocido como "El Tema del Sacrificio", se había plasmado una alegoría gráfica vinculada con la ceremonia de sacrificio más importante que celebraban los señores mochicas en la parte alta de sus templos, cuyo propósito fue la entrega de la copa con sangre humana fruto del sacrificio a uno de los señores poderosos o gobernantes de la época Mochica IV. En el plano inferior de la representación, se puede observar la forma del sacrificio, donde degolladores antropomorfos se encargan de extraer el corazón de los cautivos, algo parecido a las prácticas sacrificiales de los Aztecas. No hay dudas que estas ceremonias sangrientas se llevaron a cabo en la cima de la pirámides. Lo más trascendental de todo esto es que los seres del plano superior que aparecen en esta representación, han sido identificados en sus propias tumbas, lo cual respalda, a ciencia cierta, que los personajes que aparecen en este tema fueron individuos reales y no míticos como se pensaba hace muchos años atrás. Entonces, lo primero que hizo Donnan (1978) es clasificar cada uno de los personajes de acuerdo a la función que ejercían, es decir, de la "A hasta el D", de los cuales dos son seres de mayor rango, el "A y el D".

El personaje "A" ha sido demostrado en las excavaciones de Walter Alva (1994), se trata del señor de Sipán. Los ornamentos encontrados en la tumba: tocado, orejeras, nariguera, protector coxal, etc. tienen correspondencia con la figura del tema del sacrificio, tanto que Walter Alva ha sugerido que este señor ha tenido el status de gobernante del valle de Lambayeque, enterrado en Huaca Rajada con una parte de su séquito o individuos sacrificados que lo acompañaban en su viaje al mundo de los muertos, patrón establecido para los hombres mas poderosos de la sociedades prehispánicas.

El personaje "B" ha sido también identificado por Walter Alva en Sipán (1994) y ha sido identificado con la Tumba del Sacerdote que representa al "búho mítico", debido a que posee emblemas que limitan su jerarquía y figurada identidad ritual, evidentemente menor que la del Señor de Sipán. Al parecer, este personaje "B" o sacerdote que aparece en la iconografía también ha sido encontrado en la década de los cuarenta del siglo pasado por Strong (1947) en Huaca de la Cruz en el valle de Virú, al sur del valle de moche.

El personaje "C" ha sido descubierto por Luis Jaime Castillo, de la Pontificia Universidad Católica del Perú en 1991 (Castillo y Donnan 1994). Es la primera tumba de una sacerdotisa de aproximadamente 40 años, que fue enterrada en el sitio de San José de Moro, en la parte baja del valle de Jequetepeque, mas o menos a 50 kilómetros al sur de Sipán. Esta mujer fue encontrada con un conjunto de individuos sacrificados y ofrendas cuantiosas. Lo particular de esta mujer en la tumba es el tocado de plumas metálicas y una copa de cerámica, ambos elementos muy propios de esta mujer que aparece en "El tema del sacrificio", que es la que lleva la copa con sangre, que será entregada al personaje "A". Es necesario resaltar que la figura de la sacerdotisa "C", ya había sido encontrada en la década de los cincuenta por Richard Schaedel (1951) en un hermoso mural policromo del sitio de Pañamarca en el valle de Nepeña, al norte de Casma.

El personaje "D" que ha sido caracterizado como un mellizo del personaje "A" en términos de status, tiene emblemas muy significativos y diferenciados del personaje "A"; el cual todavía no ha sido encontrado en su tumba para esta época, que debería corresponder a una tumba real del Moche Tardío o Moche IV. Pero, paradójicamente, la Señora de Cao tiene atributos que se comparan con este personaje aparentemente masculino y que lleva sobre su cuerpo los mismos emblemas que acompañan a la Señora de Cao. La comparación radica en el tocado, orejeras, narigueras, telas con placas metálicas, porras o báculos como elemento de poder y la presencia de un búho en cerámica como ofrenda, entre otros atributos. Debemos tener en cuenta que la Señora de Cao pertenece a la época Mochica Temprano o Mochica I (National Geographic, 2006). Por lo tanto, creemos que hemos encontrado al personaje "D" del tema en referencia pero dentro de una fase temprana, y sobre todo, caracterizada por una mujer que ejerció el poder en el valle de Chicama, entre los 300 D, aproximadamente. Esta sería la primera mujer gobernante encontrada en la historia precolombina, lo cual cambia rotundamente el carácter de los gobernantes en el Perú antiguo, en este caso especial una mujer.

Durante el período Mochica Tardío, el sector oeste del patio ceremonial superior de Huaca Cao Viejo, fue el lugar elegido para enterrar a los personajes de alto rango. Estas normas establecidas era un aspecto esencial de la religión mochica. El culto a los ancestros se orientaba a enfatizar la sacralidad de los señores que entraban simbólicamente al mundo de los ancestros, mediante su incorporación al espacio sagrado del Templo. Esto, sin duda, benefició a la elite que controlaba el poder y acrecentó el valor del templo como morada final de personajes semidivinos. En la Plataforma Superior de la Huaca Cao Viejo, se descubrió una tumba de doble cámara que ocupaba la esquina interior Suroeste del Patio Ceremonial (Franco et. al. 2001). La cámara principal fue ocupado por un gobernante de la época Moche IV, quien fue desenterrado o extraído de su cámara funeraria en momentos de la ocurrencia de un fenómeno de El Niño. Su cuerpo fue trasladado a algún sitio todavía desconocido para nosotros. Es uno de los casos más importantes de la extracción de una tumba real en un momento de crisis climática de la sociedad mochica. Asimismo, se localizó otra Tumba de Cámara simple muy bien elaborada en cuyas paredes se pintaron 32 personajes de frente con tocados elaborados, porras y escudos (Franco et. al. 1999). Esta cámara sirvió de sepultura primero a una mujer de alto rango, al parecer una dignataria mayor que fue enterrada con cerámica Moche II y II/III, considerándose la segunda cámara funeraria pintada para esta cultura; sin embargo, quizás un siglo después, este espacio funerario pintado fue transformado y reutilizado para albergar el cuerpo de una sacerdotisa anciana de aproximadamente 60 años, acompañada a su costado del cuerpo de una adolescente y vasijas de cerámica Mochica IV, y gran parte de las vasijas de cerámica del entierro precedente.

Estas referencias sin dudas, nos ayudan a pensar en la posibilidad que las pirámides mochicas sirvieron como lugar de enterramiento de los cuerpos de los altos dignatarios y personajes mochicas vinculados con el culto político y religioso. Entonces, las posibilidades de hallazgos de tumbas reales en cualquiera de ellas es una realidad, que solo los arqueólogos con mucha paciencia y deducción pueden rescatarlas para beneficio de la ciencia y la historia, aún cuando, como sabemos, muchas de ellas han sido profanadas por los saqueadores de tumbas.

Para culminar este capítulo, debo indicar que tuve la oportunidad de examinar una representación iconográfica denominada "El Tema de la Carrera", que se encuentra en una botella pintada de la colección del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York (Kutscher 1983), varias veces publicado por los especialistas y que tiene relación con el "Tema del Sacrificio" y sorprendentemente también con los hallazgos en nuestras excavaciones hace algunos años en la plataforma superior de Huaca Cao Viejo. Hemos hallado que la parte más alta de la huaca está definida por una pequeña pirámide sobre el patio ceremonial superior, que tuvo en su momento de uso lados escalonados, con una larga rampa de acceso a la cima, de forma similar a la representación mencionada. En la representación, los individuos son unos cautivos desnudos- así como aparecen en alto relieve en los murales de la fachada del templo- que llevan en hamacas a tres individuos que suben a la plataforma principal para ser presentados a uno de los altos dignatarios y una oficiante mujer como paso previo al sacrificio por degollamiento de los personajes de las hamacas. En el plano inferior de la ilustración, los tres individuos ya inmolados, se encuentran en el inframundo o mundo de los muertos para revivir; son asistidos por seres femeninos en forma de gallinazos que ayudan a la revitalización de los individuos muertos. Lo trascendente de todo esto, es haber encontrado en nuestras excavaciones, la pequeña pirámide con rampa que aparece en la ilustración, así como, los cuerpos humanos de varios individuos que fueron sacrificados y enterrados debajo del piso del patio ceremonial, demostrando así que este rito del tema referido se ejecutaba en la cima de Huaca Cao Viejo, para el caso del Complejo El Brujo.

 
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