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SOBRE
LA MUERTE E IDENTIDADES DE LOS PERSONAJES MAS
PODEROSOS DE LA SOCIEDAD MOCHICA
Por Régulo Franco Jordán
El tema de la muerte en el antiguo
Perú está cada vez avanzando gracias
a los estudios de los arqueólogos o mochicólogos.
Los muertos en las sociedades prehispánicas
e inclusive hoy, siempre han sido muy importantes
y que han merecido mucho respeto y veneración.
Los muertos son los que cohesionan los grupos
familiares o benefician a la comunidad, pero también,
ellos a veces toman una actitud hostil. Hay genealogías
que se remontan a un fundador mítico, hay
gentiles que viven en lugares de enterramiento
prehispánicos, etc. Por tanto, la vida
con los ancestros forma parte del pasado y del
presente. Los conceptos de la muerte y los procesos
de la transformación, se reflejan en el
ciclo ritual complejo. El muerto siempre ha sido
caracterizado como un mallki que tiene un proceso
de desarrollo y que es comparado muchas veces
con una semilla que va generar un período
de tiempo muy productivo (Hocquenghem 1987). Para
nosotros los arqueólogos es a veces un
poco difícil comprender muchos aspectos
de la muerte en el mundo prehispánico,
sin embargo, la cerámica mochica expresa
algunos capítulos vinculados con el mundo
de los muertos, que es tal vez una de las expresiones
poco conocidas en el nuevo mundo.
Antes de la década de los
ochenta, los arqueólogos estaban por muchos
años observando representaciones pictóricas
en la cerámica, con temas vinculados con
ceremonias religiosas y la muerte, sin presentir
de que muchos temas que fueron representados por
los mochicas habían sido escenas reales
y no mitológicas o fantásticas como
se pensaba. Después de los descubrimientos
de Walter Alva
y su equipo en Sipán (Alva 1994; Alva y
Donnan 1993), y que ha marcado, sin dudas, uno
de los hallazgos mas sorprendentes del siglo pasado,
los arqueólogos empezaron a tener nuevos
criterios de interpretación, que ha favorecido
la identificación de los personajes más
poderosos de la sociedad moche en la iconografía
y en las excavaciones de sus tumbas. De otro lado,
los fabulosos descubrimientos de Sipán
alentaron al saqueo de otras tumbas en el norte
peruano; se empezó a crear, casi como un
mito entre los saqueadores de tumbas, que estos
personajes poderosos estaban enterrados en espacios
profundos, que los llevó a destruir contextos
funerarios importantes en diversas huacas y cementerios
prehispánicos; fue algo así como
una fiebre que muchos especialistas lo reconocen
como una Sipanitis.
Sin embargo, a pesar de todo ello,
la parte beneficiosa del conocimiento científico
y la gran labor de Walter Alva y su equipo (1987),
empezaron a dar sus frutos en el estudio de la
iconografía comparada con los hallazgos.
Christopher Donnan de la Universidad de California
de los Angeles, observó que en una de las
representaciones iconográficas de la cerámica
mochica llamado primero "El tema de la
presentación", y ahora conocido
como "El Tema del Sacrificio",
se había plasmado una alegoría gráfica
vinculada con la ceremonia de sacrificio más
importante que celebraban los señores mochicas
en la parte alta de sus templos, cuyo propósito
fue la entrega de la copa con sangre humana fruto
del sacrificio a uno de los señores poderosos
o gobernantes de la época Mochica IV. En
el plano inferior de la representación,
se puede observar la forma del sacrificio, donde
degolladores antropomorfos se encargan de extraer
el corazón de los cautivos, algo parecido
a las prácticas sacrificiales de los Aztecas.
No hay dudas que estas ceremonias sangrientas
se llevaron a cabo en la cima de la pirámides.
Lo más trascendental de todo esto es que
los seres del plano superior que aparecen en esta
representación, han sido identificados
en sus propias tumbas, lo cual respalda, a ciencia
cierta, que los personajes que aparecen en este
tema fueron individuos reales y no míticos
como se pensaba hace muchos años atrás.
Entonces, lo primero que hizo Donnan (1978) es
clasificar cada uno de los personajes de acuerdo
a la función que ejercían, es decir,
de la "A hasta el D", de los cuales
dos son seres de mayor rango, el "A y el
D".
El personaje "A" ha sido
demostrado en las excavaciones de Walter Alva
(1994), se trata del señor de Sipán.
Los ornamentos encontrados en la tumba: tocado,
orejeras, nariguera, protector coxal, etc. tienen
correspondencia con la figura del tema del sacrificio,
tanto que Walter Alva ha sugerido que este señor
ha tenido el status de gobernante del valle de
Lambayeque, enterrado en Huaca Rajada con una
parte de su séquito o individuos sacrificados
que lo acompañaban en su viaje al mundo
de los muertos, patrón establecido para
los hombres mas poderosos de la sociedades prehispánicas.
El personaje "B" ha sido
también identificado por Walter Alva en
Sipán (1994) y ha sido identificado con
la Tumba del Sacerdote que representa al "búho
mítico", debido a que posee emblemas
que limitan su jerarquía y figurada identidad
ritual, evidentemente menor que la del Señor
de Sipán. Al parecer, este personaje "B"
o sacerdote que aparece en la iconografía
también ha sido encontrado en la década
de los cuarenta del siglo pasado por Strong (1947)
en Huaca de la Cruz en el valle de Virú,
al sur del valle de moche.
El personaje "C" ha sido
descubierto por Luis Jaime Castillo, de la Pontificia
Universidad Católica del Perú en
1991 (Castillo y Donnan 1994). Es la primera tumba
de una sacerdotisa de aproximadamente 40 años,
que fue enterrada en el sitio de San José
de Moro, en la parte baja del valle de Jequetepeque,
mas o menos a 50 kilómetros al sur de Sipán.
Esta mujer fue encontrada con un conjunto de individuos
sacrificados y ofrendas cuantiosas. Lo particular
de esta mujer en la tumba es el tocado de plumas
metálicas y una copa de cerámica,
ambos elementos muy propios de esta mujer que
aparece en "El tema del sacrificio",
que es la que lleva la copa con sangre, que será
entregada al personaje "A". Es necesario
resaltar que la figura de la sacerdotisa "C",
ya había sido encontrada en la década
de los cincuenta por Richard Schaedel (1951) en
un hermoso mural policromo del sitio de Pañamarca
en el valle de Nepeña, al norte de Casma.
El personaje "D" que
ha sido caracterizado como un mellizo del personaje
"A" en términos de status, tiene
emblemas muy significativos y diferenciados del
personaje "A"; el cual todavía
no ha sido encontrado en su tumba para esta época,
que debería corresponder a una tumba real
del Moche Tardío o Moche IV. Pero, paradójicamente,
la Señora de Cao tiene atributos que se
comparan con este personaje aparentemente masculino
y que lleva sobre su cuerpo los mismos emblemas
que acompañan a la Señora de Cao.
La comparación radica en el tocado, orejeras,
narigueras, telas con placas metálicas,
porras o báculos como elemento de poder
y la presencia de un búho en cerámica
como ofrenda, entre otros atributos. Debemos tener
en cuenta que la Señora de Cao pertenece
a la época Mochica Temprano o Mochica I
(National Geographic, 2006). Por lo tanto, creemos
que hemos encontrado al personaje "D"
del tema en referencia pero dentro de una fase
temprana, y sobre todo, caracterizada por una
mujer que ejerció el poder en el valle
de Chicama, entre los 300 D, aproximadamente.
Esta sería la primera mujer gobernante
encontrada en la historia precolombina, lo cual
cambia rotundamente el carácter de los
gobernantes en el Perú antiguo, en este
caso especial una mujer.
Durante el período Mochica
Tardío, el sector oeste del patio ceremonial
superior de Huaca Cao Viejo, fue el lugar elegido
para enterrar a los personajes de alto rango.
Estas normas establecidas era un aspecto esencial
de la religión mochica. El culto a los
ancestros se orientaba a enfatizar la sacralidad
de los señores que entraban simbólicamente
al mundo de los ancestros, mediante su incorporación
al espacio sagrado del Templo. Esto, sin duda,
benefició a la elite que controlaba el
poder y acrecentó el valor del templo como
morada final de personajes semidivinos. En la
Plataforma Superior de la Huaca Cao Viejo, se
descubrió una tumba de doble cámara
que ocupaba la esquina interior Suroeste del Patio
Ceremonial (Franco et. al. 2001). La cámara
principal fue ocupado por un gobernante de la
época Moche IV, quien fue desenterrado
o extraído de su cámara funeraria
en momentos de la ocurrencia de un fenómeno
de El Niño. Su cuerpo fue trasladado a
algún sitio todavía desconocido
para nosotros. Es uno de los casos más
importantes de la extracción de una tumba
real en un momento de crisis climática
de la sociedad mochica. Asimismo, se localizó
otra Tumba de Cámara simple muy bien elaborada
en cuyas paredes se pintaron 32 personajes de
frente con tocados elaborados, porras y escudos
(Franco et. al. 1999). Esta cámara sirvió
de sepultura primero a una mujer de alto rango,
al parecer una dignataria mayor que fue enterrada
con cerámica Moche II y II/III, considerándose
la segunda cámara funeraria pintada para
esta cultura; sin embargo, quizás un siglo
después, este espacio funerario pintado
fue transformado y reutilizado para albergar el
cuerpo de una sacerdotisa anciana de aproximadamente
60 años, acompañada a su costado
del cuerpo de una adolescente y vasijas de cerámica
Mochica IV, y gran parte de las vasijas de cerámica
del entierro precedente.
Estas referencias sin dudas, nos
ayudan a pensar en la posibilidad que las pirámides
mochicas sirvieron como lugar de enterramiento
de los cuerpos de los altos dignatarios y personajes
mochicas vinculados con el culto político
y religioso. Entonces, las posibilidades de hallazgos
de tumbas reales en cualquiera de ellas es una
realidad, que solo los arqueólogos con
mucha paciencia y deducción pueden rescatarlas
para beneficio de la ciencia y la historia, aún
cuando, como sabemos, muchas de ellas han sido
profanadas por los saqueadores de tumbas.
Para culminar este capítulo,
debo indicar que tuve la oportunidad de examinar
una representación iconográfica
denominada "El Tema de la Carrera",
que se encuentra en una botella pintada de la
colección del Museo Americano de Historia
Natural de Nueva York (Kutscher 1983), varias
veces publicado por los especialistas y que tiene
relación con el "Tema del Sacrificio"
y sorprendentemente también con los hallazgos
en nuestras excavaciones hace algunos años
en la plataforma superior de Huaca Cao Viejo.
Hemos hallado que la parte más alta de
la huaca está definida por una pequeña
pirámide sobre el patio ceremonial superior,
que tuvo en su momento de uso lados escalonados,
con una larga rampa de acceso a la cima, de forma
similar a la representación mencionada.
En la representación, los individuos son
unos cautivos desnudos- así como aparecen
en alto relieve en los murales de la fachada del
templo- que llevan en hamacas a tres individuos
que suben a la plataforma principal para ser presentados
a uno de los altos dignatarios y una oficiante
mujer como paso previo al sacrificio por degollamiento
de los personajes de las hamacas. En el plano
inferior de la ilustración, los tres individuos
ya inmolados, se encuentran en el inframundo o
mundo de los muertos para revivir; son asistidos
por seres femeninos en forma de gallinazos que
ayudan a la revitalización de los individuos
muertos. Lo trascendente de todo esto, es haber
encontrado en nuestras excavaciones, la pequeña
pirámide con rampa que aparece en la ilustración,
así como, los cuerpos humanos de varios
individuos que fueron sacrificados y enterrados
debajo del piso del patio ceremonial, demostrando
así que este rito del tema referido se
ejecutaba en la cima de Huaca Cao Viejo, para
el caso del Complejo El Brujo.
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