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Lunes, 19 de junio de 2006

COMPLEJO ARQUEOLÓGICO "EL BRUJO" ABRE SUS PUERTAS AL MUNDO

Por: Nivardo Córdova Salinas
Fotos: Sandra Uccelli y Proyecto El Brujo

Membrana tensionada, realizada por profesionales peruanos protege 2,500 metros cuadrados de la milenaria Huaca Cao

El complejo arqueológico "El Brujo" abrió sus puertas al turismo nacional y extranjero, que ya puede admirar in situ su extraordinaria arquitectura y decoración, tras 16 años de investigaciones financiadas por la Fundación Wiese en convenio con la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Trujillo y el Instituto Nacional de Cultura de La Libertad.

La noticia ha venido acompañada del grandioso hallazgo del cuerpo momificado de una sacerdotisa mochica en la Huaca Cao Viejo -ubicada dentro del complejo- que por sus finos ornamentos y tatuajes tuvo un alto rango y será una valiosa fuente de información sobre la compleja sociedad mochica. En la ceremonia de apertura, realiza el pasado 12 de mayo, se presentó además la novedosa estructura techada de 2,500 metros cuadrados para proteger la arquitectura y murales policromados en altorrelieve con escenas de decapitaciones, práctica al parecer muy común en la sociedad dejado Moche.

El complejo arqueológico "El Brujo" es un antiguo centro ceremonial de barro, ubicado en la localidad de Magdalena de Cao (valle Chicama) a 45 minutos de la ciudad de Trujillo. En este lugar, sepultado bajo las arenas del tiempo, se resume el legado de 5 mil años de ocupación humana ininterrumpida. Desde los nómades cazadores recolectores, pasando por las culturas Cupisnique, Moche, Lambayeque, Chimú, Inca hasta la época colonial -existen vestigios de una iglesia española y un poblado indígena. Con mucha razón, el señor Augusto Wiese dijo lo siguiente en su discurso: "La Fundación Augusto N. Wiese, fundada por mi padre hace aproximadamente 50 años para apoyar obras de bien social, culturales, educativas, deportivas,, fue creada según sus propias palabras para agradecer al Altísimo por los beneficios que había recibido durante su vida".

LA SACERDOTISA DE CAO

La Señora de Cao fue hallada en una tumba en la huaca de Cao Viejo, que forma parte del complejo El Brujo. Luce collares, narigueras, pendientes y enormes báculos que representaban el poderío de gobernante. El descubrimiento estuvo a cargo del arqueólogo Régulo Franco Jordán, de la fundación Wiese, en colaboración con especialistas de la Universidad de Tulane (Estados Unidos) y de los codirectores Segundo Vásquez (UNT) y César Gálvez Mora (INC). Ellos participan en el proyecto desde su inicio.

El hallazgo se efectuó en un recinto ceremonial de 1800 años de antigüedad (Moche I) construído específicamente para realizar el entierro de la sacerdotisa. La momia ha sido bautizada como la "Sacerdotisa de Cao", y que se suma a otros vestigios de este templo ceremonial, especialmente los impresionantes frisos policromados con escenas de decapitaciones, práctica ritual muy común en la sociedad Moche.

Se ha calculado su antigüedad en unos mil 700 años, en tanto se realizan los estudios científicos que permitan determinar las causas de su muerte, desentrañar la información de su ADN, entre otros puntos. Los cables internacionales destacaban que sus tatuajes, con diseños propios de la iconografía mochica. Se trata de motivos zoomórficos como serpientes y arañas, que podrían ser relacionarse a ritos de fertilidad, lluvias y sequias. Tampoco se descarta la función adivinatoria. Su piel fue momificada utilizando posiblemente sulfato de mercurio.

La Señora de Cao fue, al parecer, tenía el "estatus de gobernante". Cabe recordar que hace ocho años se encontraron los restos de una sacerdotisa en el Algarrobal de San José de Moro, en investigaciones realizadas por la Universidad Católica del Perú. Este vestigio es investigado, conservado y catalogado por un equipo multidisciplinario de primer nivel que incluye arqueólogos, antropólogos físicos, conservadores textiles, curadores de metales, dibujantes, entre otros profesionales procedentes del Perú y del extranjero.

5 MIL AÑOS DE HISTORIA

Hace más de 15 años se inició la titánica tarea de recuperar El Brujo, frente a la depredación de los "huaqueros" que sin ningún criterio, sólo cegados por encontrar tesoros, destruían frisos y recámaras prehispánicas. El convenio de cooperación firmado por tres importantes instituciones, el Instituto Nacional de Cultura, la Fundación Augusto N. Wiese y la UNT permitió iniciar las excavaciones y rescatar la evidencia histórica guardada en los recintos y paredes del templo, evidencia que nos acerca más al entendimiento de la cultura Moche y a dar a conocer su maravilloso arte.

Estas pinturas murales que representan ofrendas humanas y batallas rituales, así como sacrificios humanos, muy probablemente realizados por "El Decapitador" que el arqueólogo Régulo Franco llegó a algunas importantes conclusiones, entre ellas que este recinto prehispánico estuvo dedicado al dios Aiapaec, "El Decapitador", principal deidad de la cultura Mochica. Según los arqueólogos, El Brujo debe su nombre a la constante afluencia de los llamados brujos o curanderos norteños (shamanes) a este lugar, quienes realizaban y realizan, hasta la actualidad, ceremonias de curación en montañas o ruinas prehispánicas, como la Huaca Cao Viejo y la Huaca El Brujo, por considerarlos lugares de poder.
 

Murales con temas de decapitaciones en El Brujo

Al haber sido un importante centro ceremonial, la Huaca Cao fue destinada al culto de los dioses del panteón mochica, por ello la ornamentación de la misma tiene representaciones de escenas rituales o advocaciones a sus principales divinidades. La Huaca Cao fue el edificio más importante del complejo. Esta pirámide escalonada, remodelada hasta en siete ocasiones, fue construida por primera vez a inicios de la era cristiana y entró en decadencia durante el siglo VII dc. Las construcciones fueron hechas con adobes, moldes de caña y madera, las fachadas y terrazas fueron pintadas en colores rojo, blanco, amarillo, azul y negro.

Los arqueólogos sostienen que los Moche realizaron sacrificios humanos entre cada periodo de remodelación, los cuerpos, muchas veces decapitados, hallados dentro de la construcción sustentan esta teoría, con ello, agregan, se buscaba fortalecer la morada de sus dioses y conseguir bendiciones para la comunidad. Los altos relieves de los muros del templo (Huaca Cao Viejo) muestran una variada temática, desde imágenes cotidianas hasta representaciones de figuras sagradas, como "Aiapaec", imagen sobrenatural antropomorfa con rasgos felínicos, encontrada en el frontis principal (muro norte) que sería la representación de la principal deidad mochica. Otro mural impactante es la fila de prisioneros, ensangrentados, que desfilan atados con sogas al cuello, rumbo a su encuentro con El Degollador...

PROTEGIENDO LA HISTORIA

"Este complejo arqueológico sufrió permanentemente los embates de la naturaleza, sus habitantes (antiguos peruanos) no solo resistieron los fuertes vientos y cambios climáticos, sino que fueron capaces de mantener esta edificación y reflejar su cultura en frisos y altos relieves, los cuales son motivo de asombro para los peruanos y ciudadanos del mundo de hoy", señalaron voceros de la Fundación Wiese.

Vencer a la naturaleza fue el principal reto de la cultura Moche, su subsistencia, desarrollo y organización exitosa cumplieron ampliamente la razón primaria de toda civilización. Recogiendo ese espíritu, profesionales en arquitectura, diseño e ingeniería, plantearon el reto de lograr una cobertura de rescate para el patio ceremonial y muros circundantes, el legado histórico y el aporte del presente.

Esta novedosa cubierta de 2,500 metros cuadrados, única en su género realizada sobre un legado prehispánico, respeta las diversas plataformas del centro ceremonial permitiendo el paso de la luz, ya que la membrana esta tejida con hilo de poliéster de alta tenacidad y recubierta con PVC para que sea impermeable. Toda esa estructura filtra el 100% de los rayos UV y deja pasar el 40% de lo rayos infrarrojos (luz) con lo que se da protección total a las pinturas en relieve del muro norte de la pirámide.

La concepción, desarrollo y ejecución de la obra ha tomado tres años, el costo ha sido aportado íntegramente por la Fundación Augusto N. Wiese. Al final el trabajo de la arquitecta Claudia Uccelli (diseñadora de la cobertura), y de los ingenieros Carlos Casabonne y Daniel Torrealva logró su cometido. También participaron la empresa Ámbito S.A., el arquitecto Octavio Valera y la empresa Tecnología de Materiales S.A. El software utilizado fue creado por la empresa Forten 2000 de Archimedia Spa (Italia).

 
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