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CRONOPAISAJE
Gregory Benford, un brillante físico
norteamericano escribió, a fines de los
años 70, una novela que con el tiempo sería
considerado un clásico en la ciencia ficción
moderna: Cronopaisaje, una epopeya acerca de la
posibilidad de enviar y recibir mensajes a través
del tiempo. En la obra, en 1998 el mundo está
sumido en un gran desastre ecológico, los
gobiernos imponen restricciones y burocráticamente
intentan paliar el desastre. El físico
John Renfrew propone una solución: enviar
un mensaje por medio de taquiones -hipotéticas
partículas que de existir viajarían
a velocidades superiores a la de la luz- al pasado
para advertirles de la catástrofe por venir.
En 1962, Gordon Bernstein -físico también-
detecta accidentalmente esas señales. El
problema está en mantener por un lado los
mensaje en medio de un mundo que se desmorona
y por otro en convencer al mundo de que se están
recibiendo mensajes del futuro.
Cronopaisaje también puede
entenderse como una novela sobre la comunicación,
o sobre la imposibilidad de la misma. No sólo
el futuro intenta hablar con el pasado, sino que
los personajes intentan hablar entre sí,
sin alcanzarse o sin entenderse. Científicos
tratando de hacerse entender por los políticos,
complicadas relaciones familiares de cada uno
de los personajes tan cercanos físicamente
pero a años-luz en lo que se refiere a
ideas, opiniones y sentimientos.
Ese creo es el drama de nuestra
sociedad y de nuestro tiempo: la imposibilidad
de la comunicación que nos permitiría
extraer lecciones de lo sucedido, ponernos de
acuerdo como sociedad y avanzar sobre objetivos
comunes a través del tiempo. Se ha dicho
que el Perú es un país de desmemoriados,
si bien el presente es lo único que podemos
experimentar, debemos tener en cuenta al pasado
y al futuro en una especie de perspectiva del
tiempo o cronopaisaje para darle sentido a nuestra
existencia colectiva.
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